Que grande es la vida

Hoy chateaba con mi amigo Rafa, y en un momento de distracción aterrizó en la ventana de mi Messenger un link a un artículo que me movió con una fuerza que no sentía hace algún rato: la historia de un consultor en Mercadotecnia que vio su mundo sacudirse ante el inexorable diagnóstico de cáncer inoperable del pulmón que recibió su padre.

Su vida cambió, pero para mejor, convirtiéndolo en un ser más humano dentro de los negocios: “the less we focused on our performance, the more authentic and favorable an impression we seemed to make…”

Todo esto me hizo pensar en la vida, justo hoy que me preparo para viajar a Miami a pasar unos días junto a mis padres, luego que mi papá sufrió un serio episodio de hipoglicemia que le tumbó el azúcar en la sangre a un nivel de 35 mg/dL, algo bien peligroso que pudo haberlo metido en un coma diabético. Gracias a Dios no llegó a eso, pero la confusión en base a la posibilidad de un diagnóstico de Alzheimer nos puso a todos en un estado de temor ante lo desconocido.

Hoy siento que la vida y Dios son grandes con nosotros. No podemos huirle a los problemas, debemos recibirlos y darles la bienvenida, porque ellos nos ponen a prueba y nos ayudan a crecer si los dejamos: nos enseñan lo queramos o no, y “aprietan” pero no ahorcan.

Creo que los consejos que da este autor pueden resultar valiosos para todos, tengamos o no en mente la idea de meternos a hacer consultoría y huir de la “seguridad” de un empleo con una empresa estable: creo que es obvio por qué uso comillas cuando hablo de seguridad. 😉